Eleternoinsatisfecho

Los hijos del shock: «¡Que se vayan todos!»

Publicado en Actualidad, Cine por eleternoinsatisfecho en 14 Agosto 2009

El cineasta Winterbottom estrena un documental sobre las barbaridades del neoliberalismo. Está basado en el ensayo ‘La doctrina del shock’, de Naomi ‘No Logo’ Klein. El dibujante Brieva reclama: «Que florezca un cambio profundo». El guionista de ‘Los Electroduendes’ equipara capitalismo a canibalismo… Llegan tiempos eléctricos.
J.A. GONZÁLEZ, J. ESTEVE Y C. SÁNCHEZ. 30.07.2009 – 12.25 h
Nos han vaciado el bolsillo. Y la cartera, el frigorífico, el armario, la cuenta de ahorros… Los que ayer defendían las bondades universales del libre mercado se arriman al ascua del Estado, que calienta menos cada día, pero ahora vuelve a ser el padre bondadoso que ni siquiera a los hijos descarriados abandona. Suenan palabras en tan aparente desuso que esta generación tiene que ir a buscarlas al diccionario: crack, recesión, quiebra, acreedores…

Algo está pasando aquí y usted no sabe qué, señor Martínez. Es recomendable que deje de escuchar los mensajes de consolación de Russian Red y el indie pop hedonista y, una de dos: se ponga a temblar o empiece a luchar. Ya está aquí el estado de shock. Aprenda su doctrina. La va a necesitar para devolver la somanta de golpes que le puede caer encima un día cualquiera.

Primera lección: cruzar a Naomi Klein con Michael Winterbottom. Ella, canadiense nacida en 1970, es una de las más críticas analistas de la antiglobalización. Su libro No logo: el poder de las marcas (Paidós, 2002) dejó en entredicho la artera intención de las corporaciones transnacionales: vender estilos de vida y no productos de calidad. Winterbottom (el Reino Unido, 1961) es un cineasta de amplia paleta, capaz de seguir la senda social de Ken Loach en Wonderland (1999) o ejercer de cronista de la movida de Manchester en 24 hour party people (2002), sobre los años de gloria de Factory Records, Joy Division y demás madchesterianos.

¿Qué hacen juntos Naomi y Michael? Acaso lo que deberíamos hacer todos: atar cabos, preguntarnos en dónde nos han metido, por qué lo han hecho y cómo demonios vamos a salir del fango.

Winterbottom presentó en el último Festival de Berlín el documental The shock doctrine, basado en el libro del mismo título que Klein publicó en 2007 para profundizar en el capitalismo del desastre, los desastres del capitalismo y otros desaguisados neoliberales. «Éste es el momento adecuado para hacer la película. La era de la que habla el libro está llegando a su fin», dice un taxativo Winterbottom al ser entrevistado por esta revista. El documental, que todavía no tiene fecha de estreno comercial (y que en España, dado como se las gastan las distribuidoras con los títulos ‘incómodos’, quizá no llegue a sobrepasar el circuito de los DVD), ha sido codirigido por Mat Whitecross, que ya había colaborado con Winterbottom en Camino a Guantánamo (2006), la historia real de tres ingleses de origen pakistaní que pasaron dos años recluidos en el alegal centro penitenciario por estar en Afganistán cuando Estados Unidos invadió el país tras el 11-S.

Whitecross tiene bien claro quién es el enemigo: «Los gobiernos que han aplicado las teorías de Milton Friedman [adalid teórico del libre mercado y Nobel de Economía en 1976] han hecho mucho daño a sus países y ahora es el momento de utilizar eso en su contra». En La doctrina del shock, editado en España por Paidós, Klein pone sobre la mesa, en 600 páginas de lectura amena, una ecuación perturbadora para los seguidores de Friedman: capitalismo es igual a violencia. Y, a partir de ella, una conclusión: la relación entre libre mercado y democracia es pura ficción.

Vende sin venderse

Pocos ensayistas saben comunicarse con su generación como Klein. Elegante, guapa y de sonrisa fácil, hija de padres socialistas estadounidenses que se exiliaron a Canadá para evitar el reclutamiento forzoso durante la guerra de Vietnam, la escritora vende. Lo cual no significa que carezca de rigor intelectual ni que se haya vendido. Pocos personajes públicos pueden presumir como ella de ser entrevistada en la MTV y de que revistas tan sesudas como New Left Review publiquen reseñas positivas de sus libros.

La doctrina del shock concluye que nos vendieron un ciclomotor a precio de MotoGP. El libre mercado, en su estado más puro, dice Klein, es una selva en la que sólo sobreviven los más fuertes. Los humanos no nos chupamos el dedo y lo sabemos, pero en tiempos de crisis o de catástrofes, es decir, cuando estamos en estado de shock, se aprovechan de nuestras bajas defensas e imponen el libre mercado. Así lo aventuró el artero Friedman cuando afirmó: «Sólo una crisis, real o percibida, da lugar a un cambio verdadero».

Los ideólogos del neoliberalismo y las multinacionales, que a menudo son los mismos perros con distintos collares, han aprovechado crisis y desastres para implantar sus políticas y para apropiarse de mercados hasta entonces inaccesibles. ¿Discurso de izquierdista conspiranoico? Al contrario. Klein ofrece ejemplos y los fundamenta. Las respuestas gubernamentales tras el huracán Katrina, que asoló Nueva Orleans en 2005, o el tsunami de un año antes en Sri Lanka y Tailandia estaban movidas por intereses económicos. Las mismas aviesas intenciones anidaban en la gestación y en el sangriento desarrollo de los golpes de Estado de Pinochet en Chile (1973) y de Videla en Argentina (1976) o pueden adivinarse en la guerra de Irak.

«Revista financiera de intercambio espiritual»

Winterbottom no es el primer caso de artista interesado en dejar en evidencia a los estrategas del shock. El cómic Dinero (Ramdom House Mondadori, 2008), de Miguel Brieva (Sevilla, 1974), es demoledor e ineludible. La obra, algunas de cuyas viñetas han sido cedidas por el dibujante para ilustrar esta pieza, es una desopilante enciclopedia de la absurda lógica del capitalismo, presentada como una «revista de poética financiera e intercambio espiritual».

Cuando a Brieva se le pregunta si la risa es un arma contra la dictadura de lo económico, responde: «Es un arma contra toda imposición, dogma o falso pensamiento. La risa que brota de la alegría o del auténtico buen humor, no la risa bobalicona o incluso histérica que emana machaconamente de los medios de masas y que sólo responde espasmódicamente al gag perpetuo y estéril del espectáculo. Y eso no tiene ni maldita la gracia, vaya». El dibujante sevillano también comparte la intuición de que asistimos a los estertores de la bestia. «Paulatinamente, de aquí a unas décadas, será el fin del liberalismo a rajatabla, o cuando menos de su aplicación global actual. Tal vez queden algunos focos que aún se beneficien de él, presumiblemente los países occidentales, mientras el resto del planeta sucumbe en un caos aún mayor que el actual, o en el mejor de los casos en algún otro modelo más igualitario y de menor depredación».

Si para enterarse de qué va la cosa es necesario examinar algo más que el saldo que escupe el cajero automático, hay excelente background. Dos libros son de lectura obligatoria: Breve historia del neoliberalismo (Akal, 2007), del geógrafo inglés David Harvey, y Planeta de ciudades miseria (Foca, 2008), del sociólogo estadounidense Mike Davis, un aterrador estudio sobre el crecimiento descontrolado de las barriadas provocado por las políticas impuestas por el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial.

El cine también ha buceado en las aguas pantanosas de la dominación económica y los ardides de sus ejecutores. Syriana (Stephen Gaghan, 2005) es una contundente denuncia de los manejos sucios de la industria petrolera mundial. Enron, los tipos que estafaron a América (Alex Gibney, 2005) analiza en formato documental el hundimiento, en 2001, de la séptima mayor compañía de EE UU tras muchos años practicando lo que la empresa llamó, en un alarde de grosero humor negro, «contabilidad creativa». Fue el mayor escándalo financiero de la historia del país y una advertencia de lo que estaba por venir. Por desgracia, pocos prestaron atención.

La música se ha mostrado tibia con los responsables de la miseria derivada de la aplicación del neoliberalismo salvaje. Parece dominar la complacencia y se echan de menos actitudes guerreras como la de The Clash a finales de los años setenta, en otra época de crisis. Como en una broma pesada hacia el espíritu original del punk, anarquizante y libre de toda dependencia, este estilo se integra ahora en la banda sonora de las pasarelas de moda chic.

Hip-hop somalí

El escaso compromiso hay que buscarlo en el hip-hop. Soy de la zona de riesgo / La más globalizada / Incluso tenemos revólveres importados de Rusia, canta en uno de sus raps K’Naan (Somalia, 1978), criado en uno de los países más peligrosos del mundo y refugiado en EE UU. Aprovechó la presentación de su último disco, Troubadour (2009), para denunciar las verdaderas causas de la piratería somalí: la miseria, los conflictos de un país sumido en el caos y los vertidos tóxicos de las multinacionales occidentales en unas aguas sin ley.

Los neoliberales afirman que éste no es el momento de buscar culpables, sino de arreglar las cosas, y encomiendan la tarea a los mismos que las han estropeado. Los gobiernos inyectan dinero a entidades financieras e hipotecarias cuyos directivos no han dejado de acumular riqueza. Más que nunca es tiempo de cabrearse y pedir cuentas, señala Winterbottom: «Dar dinero a los bancos que han gastado los ahorros de la gente está haciendo que la sociedad se enfade».

Brieva opina que es necesario «aplicar el sentido común que todos arrastramos dentro, lo queramos o no» para que «florezca» un «cambio profundo» que desmonte «algunos mitos que hemos ido asumiendo como ciertos en las últimas décadas y que tal vez no lo sean tanto: ‘crecimiento perpetuo’, ‘no existe otro sistema posible’, ‘el hombre es un lobo para el hombre’ y esas cosas».

En un artículo reciente, Naomi Klein también habla, con ánimo optimista y combativo, de ese cambio con ánimo optimista: «Ha tomado su tiempo, pero, finalmente, desde Islandia hasta Letonia, pasando por Corea del Sur y Grecia, el resto del mundo está llegando al mismo resultado: ¡que se vayan todos!».

Santiago Alba: «Refundar el capitalismo sería como refundar el canibalismo»

Cuando era guionista de Los Electroduendes (sección de La bola de cristal, el recordado y rompedor programa que TVE produjo y emitió entre 1984 y 1988), Santiago Alba Rico tuvo el atrevimiento de subvertir a los muñecos clásicos y «torcerlos» con el propósito de «contar Marx a los niños». Agitador, pensador, escritor y ensayista nacido en Madrid en 1960, residente en Túnez desde 1998, Alba Rico asiste a la crisis convencido de que Europa es un continente «exhausto en todos los sentidos, también culturalmente» y advierte de los peligros del advenimiento de «la barbarie o el neofascismo».

¿Cuáles son las causas profundas de esta crisis?

Todos los analistas serios la explican como una crisis de sobreproducción que se remonta a los años setenta y contra la cual se recurre a la financiarización de la economía como un alivio y, al mismo tiempo, una prolongación de la agonía. Como explican Nacho Álvarez y Bibiana Medialdea, lo que está en crisis no es el capitalismo, que lo estaba ya, sino las medidas que se tomaron para superar su crisis. Es decir, la globalización, la huida hacia delante de un sistema que acelera el proceso-siempre-destituyente en el que consiste y del que depende. La doctrina del shock describe magistralmente esa violencia.

¿Era inevitable la crisis?

Si hubiese podido evitarse, se hubiese evitado, pues se viene anunciando desde hace muchos años. Dentro del capitalismo se han tomado, precisamente, las medidas que había que tomar. Pero dentro del capitalismo esas medidas no podían ni podrán hacer otra cosa que empeorar la situación.

¿Crees que se trata de una crisis coyuntural o que el capitalismo, tal y como lo conocemos, está en peligro?

El capitalismo sólo conoce crisis coyunturales. Las crisis permanentes, lo que llaman normalidad o buena salud, son las que caracterizan las vidas de sus víctimas, cuya situación es siempre aceptable si genera beneficios. No sé si esta crisis anticipa el fin del capitalismo, pero lo que está en peligro es la supervivencia de la humanidad. A fuerza de ignorar los límites, el capitalismo ha chocado con dos límites absolutos: el sufrimiento humano y la finitud de los recursos naturales.

¿Es posible refundar el capitalismo?

¿Es posible refundar el canibalismo? ¿Un canibalismo de rostro humano? Lo que se propone el G-20 es prolongar la existencia del capitalismo, incluso al precio de agravar la crisis energética, ecológica y alimentaria. Esto basta para excluir la refundación del capitalismo: su existencia misma, su necesidad de crecimiento ilimitado, determina que los humanos dependan para sobrevivir de los medios de destrucción de sus condiciones de supervivencia.

¿Pueden cambiar las relaciones humanas?

El modelo consumista se ha impuesto del tal modo que toda disminución en el consumo será vivida como una catástrofe. Nunca ha habido más condiciones objetivas, y menos subjetivas, para una transformación radical. Las sociedades occidentales son sociedades de una hambruna generalizada, y las hambrunas disuelven los lazos de solidaridad. En Europa y EE UU veo más probable la barbarie o el neofascismo que la recuperación de una mínima sensatez antropológica.

¿Cuál es el mayor peligro de esta crisis? ¿Quién puede obtener beneficios?

El mayor peligro es la combinación de insensatez antropológica y armas de destrucción masiva: el retorno a la barbarie con medios de destrucción del siglo XXI. Los que más pueden beneficiarse, como siempre, son las minorías organizadas, ya se trate de multinacionales, mafias o sectas.

¿Qué debería cambiar?

Esa izquierda debería operar un triple cambio: revolucionario en lo económico, reformista en lo político y conservador en lo antropológico. La economía capitalista no admite reformas y debe ser, por tanto, sustituida por un régimen de producción y distribución de bienes y servicios capaz de proporcionar una vida digna a todos los habitantes del planeta. Sólo entonces será posible reformar las instituciones y podremos conservar las condiciones materiales y morales del mundo humano.

Bibliografía y filmografía recomendada

La doctrina del shock, Naomi Klein (Paidós, 2007. 24 euros)
Dinero, Miguel Brieva (Random House Mondadori, 2008. 19,90 euros)
Breve historia del neoliberalismo, David Harvey (Akal, 2007. 25,70 euros)
Planeta de ciudades miseria, Mike Davis (Foca, 2008. 19,60 euros)
Trobadour, K’Naan (A&M/Octone. 12 euros)
Syriana, Stephen Gaghan (Warner Home Video, 2005. 11,95 euros)
Enron, los tipos que estafaron a América, Alex Gibney (Filmax, 2005. 12 euros)

¿Progresistas? ¿Prestaciones sociales?… una mierda!!

Publicado en Aborto, Actualidad, Ejecuciones, Fotografías, Pena de muerte. por eleternoinsatisfecho en 13 Mayo 2009

Con casi cuatro millones de parados hace muy bien este gobierno en priorizar el progresismo y la libertad…

 

aborto

De estos bebés asesinados saldrán posteriormente los “milagros antienvejecimiento” que las multinacionales venderán a precio de oro a millones de gilipollas.

 

 

 

aborto4

Este bebé simplemente ha sido troceado.

 

aborto 4

Y esta preciosa niña ha sido quemada con una inyección salina.

 

el aborto no es progresista 

y para que los niñitos y niñitas follen mucho y bien… y contribuyan así a levantar el país de mierda que tenemos…

 http://www.aciprensa.com/vida/pildorads.swf   ESO SÍ,Todo con cargo a las arcas del Estado, con nuestros impuestos, estemos o no de acuerdo… ¿podemos pedir mayor libertad,democracia y progresismo?

Economía para amador (la crisis para principiantes)

Publicado en Economía por eleternoinsatisfecho en 13 Abril 2009


No, no es el título de un nuevo libro de Fernando Savater para su hijo. Éste post es para aquellos que aún no consiguen comprender bien lo que es la crisis que acecha el mundo y perdurará algunos años mas. Espero que todos comprendamos bien lo que se nos ha venido encima.

Los adolescentes preguntan y el analista Martín Krause responde, evitando la complejidad.


“Papá, ¿se acaba el capitalismo? ¿Qué son los salvatajes?¿Esta crisis es como la del 29?”
Martín Krause es doctor en Administración y un día, en el colegio de su hijo, explicó cómo era una jornada laboral en la vida de un economista. Los chicos dedujeron que su profesión consistía en leer los diarios y tomar café y ahí fue cuando decidió escribir el libro La economía explicada a mis hijos. Como si fuéramos niños de escuela, entonces, ahora responde una serie de preguntas básicas acerca de la debacle financiera de la que todos hablan y muy pocos comprenden. Respuestas claras para entender el colapso bancario norteamericano que sacude al mundo.

–¿Cómo empezó la crisis?

Podríamos explicarlo así: hay un chico de quince años que es más popular en el colegio si les presta a sus amigos los juegos de la Playstation. Entonces cuantos más jueguitos preste, mejor queda. Así que primero les presta a los amigos que son confiables. Pero en la medida que sigue extendiendo la cantidad de juegos prestados, termina prestándoles a otros que no lo son tanto. Y además, no sólo presta jueguitos propios sino del hermano y de otros amigos. Entonces viene el hermano y dice: “Che, devolveme los jueguitos”. Pero él no los tiene y sabe que no se los van a devolver. Así que está en problemas, como le pasó a Lehman Brothers, por ejemplo, y los demás bancos que cayeron.

–¿Y quiénes son estos amigos poco confiables?

–Son las llamadas “hipotecas subprime”. Mientras está bajísima la tasa de interés, los bancos se preguntan ¿y ahora a quiénes les prestamos, si ya les prestamos a todos? Entonces les empiezan a prestar a las clases medias o bajas. Pero cuando la tasa de interés sube, y por lo tanto los pagos que hay que hacer de esas hipotecas se vuelven más caros, esta gente ya no puede pagar.

–¿Y qué pasa cuando la gente deja de pagar?

–Se complica porque esas hipotecas, y otras, fueron metidas adentro de un gran paquete y vendidas en forma de bonos. Es decir: un banco presta plata y mientras la presta se dice: “Yo tengo todos estos créditos que en realidad son dinero que voy a cobrar en el futuro, por qué mejor no me lo saco de encima, se lo vendo a alguien que quiera tener este paquete y no necesite cobrar la plata ya y yo me hago de efectivo para seguir prestando más plata”. ¿Cómo lo hago? Meto muchas hipotecas adentro de un paquete y se lo vendo a otras instituciones. El problema es que después se hace difícil saber cuál de esos bonos tiene las hipotecas que no van a ser pagadas. Entonces se empieza a armar una gran desconfianza.

¿La desconfianza genera la crisis?

–Sucede que uno se empieza a preguntar: ¿En qué paquete están las hipotecas subprime? Como no sé, empiezo a desconfiar de todos los paquetitos, entonces empiezan a venirse abajo los bonos y explota la crisis. A un adolescente grandecito podríamos explicarle que la crisis es la resaca del sábado a la noche: lo que estás sintiendo hoy es lo que te chupaste anoche en el boliche. Tomaste de más y entonces tenés este efecto.

–¿Y el chico es el que tiene la culpa por haber tomado de más? Es decir, ¿el banco que prestó de más es culpable?
–No necesariamente, porque el chico no sólo presta jueguitos que no son de él, sino que además el padre le está copiando los jueguitos en la computadora y lo alienta a que siga prestando. “¿Ah, trajiste un jueguito original?”, pregunta el padre. “Vení que yo te hago cinco copias así sos el mejor compañero”.

–¿Y el padre quién vendría a ser?

El gobierno de los Estados Unidos y la Reserva Federal: lo que se está viendo ahora es el efecto de una política monetaria expansiva que tuvo lugar hace cuatro o cinco años. Esto quiere decir que durante este tiempo era muy barato para las personas pedir un crédito, ¿por qué? Porque la Reserva Federal bajaba la tasa de interés y había muchos billetes dando vuelta. Ahí es cuando lo bancos se preguntan qué hacemos con toda esta plata y empiezan a prestarla a lo loco.

–¿En la crisis del 29 pasó lo mismo?

–La crisis es la misma y es algo que en la Economía nosotros llamamos el ciclo económico: la Reserva Federal baja la tasa de interés para salir de la recesión anterior. Ahí la economía se recupera y se empieza a prestar plata otra vez –es decir, el chico vuelve a prestarles los jueguitos a todos– y así se arma la base de la próxima crisis porque empieza a haber inflación, empieza a haber presiones, la Reserva Federal se asusta y dice muchachos, tenemos que subir la tasa. Cuando sube la tasa, crac, los que deben plata no pueden pagar. Es como una montaña rusa que sube y baja.

–¿Podría tener las mismas consecuencias?

–La crisis del 29 pasó después de una década de fiesta y jolgorio en la que se emitían dólares de manera descontrolada porque se había empezado a abandonar el patrón oro. Antes sólo se podían hacer billetes que tuvieran su mismo valor guardado en oro en una bóveda. Eso se dejó a un lado después de la Primera Guerra Mundial porque los gobiernos querían tener flexibilidad para emitir dinero. Entonces cuando sucedió el crac se contrajo la moneda rápidamente, se hizo un aterrizaje forzoso y se estrelló la economía. Esta vez no va a suceder eso: los bancos dicen: “Bueno, se me fue la mano, pero no voy a contraer, voy a tirar más dinero”. Y ahí aparecen los salvatajes.

–¿Qué es un salvataje?

–Los gobiernos pueden salvar de dos formas. Una es: en vez de gastar en armas, en educación o en salud, ahora les da plata a estas empresas y bancos para que no quiebren. Pero están los que dicen: el problema es la gente que no puede pagar la cuota de su hipoteca. Entonces la otra propuesta es que el gobierno se quede con esas hipotecas y vea después cómo hace para cobrarles. Para eso serían los 700 mil millones que se discuten en el Congreso.

–¿Por qué los bancos no pueden quebrar como cualquier otro negocio sin causar tanto lío?

–Porque están montados en un sistema que tiene dos tipos de riesgos: el almacenero sólo tiene un riesgo comercial, que es dejar quebrar porque vende poco. Pero si cierra, no se van a venir abajo todos los almacenes. En cambio el sistema bancario sí arrastra todo porque la plata que figura en las cuentas corrientes o en los plazos fijos no coincide con la que realmente tienen los bancos, porque los bancos la prestan y todos forman parte de mismo sistema. En términos más estrictos: se está invirtiendo mucho más de lo que se ahorra.

–¿Y por qué la crisis se globaliza?

–Tiene que ver con esos paquetes en los que se meten las hipotecas y que se venden como bonos. Por ejemplo el Northern Rock, de Inglaterra, cayó porque tenía bonos de hipotecas norteamericanas.

–¿Es el fin del capitalismo como dicen algunos?

Imposible, porque desde que cayó el muro de Berlín no hay sistema alternativo. Por ahora es una crisis que se mantiene dentro de las políticas monetarias y del sistema bancario, y no es algo que haya llegado a la economía productiva: las fábricas siguen produciendo y eso es lo central de la economía. Pero hay un gran problema de este sistema monetario internacional que hay que conversar y resolver: el hecho de que todo el mundo esté sujeto al ir y venir de la moneda norteamericana, del dólar.

Quién es Krause

Martín Krause es doctor en Administración. Dicta clases en la Facultad de Derecho de la UBA, en la Escuela Superior de Economía y Administración de Empresas y en la Universidad Francisco Marroquín, de Guatemala. Realizó trabajos de consultoría para el BID y la OEA. Publicó los libros Proyecto para una sociedad abierta (1993), Democracia directa (1997), En defensa de los más necesitados (1998) y El cuento de la economía (2001).

Fuente: http://criticadigital.com/impresa/index.php?secc=nota&nid=12724

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Comercio justo.

Publicado en Actualidad por eleternoinsatisfecho en 13 Abril 2009


Era previsible. Puestos a ahorrar en tiempos de escasez, lo primero de lo que prescindimos es de los lujos y de los extras. Desgraciadamente, injustamente, en este amplio sector de lo prescindible hemos incluido también la solidaridad. La primera víctima puede ser el Comercio Justo. Esos productos naturales como el café, el azúcar, el cacao y el té, pero también artesanía y ropa, de cuya altísima calidad nos beneficiamos como consumidores, al tiempo que ayudamos a mejorar la vida y el medio ambiente de un millón de productores pertenecientes a 548 organizaciones de 50 países menos desarrollados que el nuestro.

De acuerdo con un amplio informe publicado por Consumer Eroski, las ventas de Comercio Justo han pisado el freno en España. En el año 2000 supusieron unos ingresos de siete millones de euros, 17 millones en 2007, principalmente gracias a la entrada de estos productos en las grandes superficies. Pero aunque no hay datos para el año pasado, todo apunta hacia una desaceleración profunda que puede ser aún mayor en 2009.

Hace unos días hablaba con un amigo saharaui que vive en los territorios ocupados sobre la crisis y de qué manera les podía afectar a ellos. No le dio ninguna importancia:

“Peor que estamos no vamos a estar ya, a los pobres las crisis no nos afectan, eso es cosa de los ricos”.

Está equivocado. Con la crisis se reducirán las magras ayudas oficiales al desarrollo, pero también nuestras colaboraciones voluntarias con las ONG que trabajan en esos países.

El problema del Comercio Justo no es exclusivo. Antes de pensar en los demás pensamos en nosotros mismos, eso parece inevitable. Después en los pobres que tenemos más cerca. Y al final, sólo al final, nos acordaremos de los desheredados más lejanos.

Esa falta de recursos externos tendrá repercusiones humanitarias, pero también sociales y por supuesto medioambientales.

El panorama se perfila sombrío. Pero nosotros, y nuestro consumo responsable, puede ayudar a mejorarlo. Piénsalo cuando salgas de compras.

Fuente:

blogs.20minutos.es

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